La recomendacion monetarista
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La recomendacion monetarista
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La recomendacion monetarista

 
  Mario Teijeiro, 25 de Abril del 2005 Download
politicas monetaristas en argentina
 

¿Cuáles son las causas del aumento de precios?. ¿Existe una amenaza seria de vuelta a la alta inflación?. ¿Cuál es ahora la reacción apropiada de la política económica?. El gobierno parece inclinado a soluciones intervencionistas e inconsistentes: prioriza mantener el dólar a $3 y aumentar salarios por decreto, mientras combate el rebrote inflacionario con acuerdos sectoriales de precios y eventuales impuestos a las exportaciones. La visión monetarista por el contrario enfatiza la expansión monetaria como la causa del problema y aconseja que el Banco Central retome el control monetario, aumentando las tasas de interés y permitiendo la apreciación del tipo de cambio (para evitar compras de dólares que aumentan el dinero en circulación). ¿Quién tiene razón?. Ninguna de las dos “soluciones” es satisfactoria. Lo que se necesita es que el conjunto de la política económica sea un todo coherente que apunte simultáneamente a la estabilidad de precios y la creación de las condiciones necesarias para un crecimiento alto y sostenido.

La evolución del pensamiento monetarista

Luego del colapso de la Convertibilidad, la ortodoxia monetarista ha virado 180 grados: de la adhesión a tipos de cambio fijos (o directamente la dolarización) ha pasado a proclamar la receta de tipos de cambio totalmente flexibles con control de los agregados monetarios. Con este nuevo enfoque como referencia, el diagnóstico monetarista atribuye el rebrote inflacionario a la expansión monetaria (en un contexto en el que la capacidad productiva está acercándose a su límite). El problema de este diagnóstico es que el manejo del Banco Central no se ha correspondido con ese modelo alternativo de control monetario y tipos de cambio flexible, sino más bien con el típico modelo en el que la autoridad monetaria sostiene el tipo de cambio y renuncia al control del dinero en circulación. Dado que el gobierno fijó el dólar alrededor de los $3 desde mediados del 2002 (las fluctuaciones han sido marginales), no podemos decir que la inflación es causada por el crecimiento de la oferta monetaria. El orden causal ha sido el opuesto: la expansión monetaria ha sido consecuencia de una mayor demanda de dinero del público explicada por el crecimiento de la economía, la baja de las tasas de interés y la recomposición de un stock monetario muy disminuido tras la crisis.

El diagnóstico correcto

Pero entonces, ¿cómo explicamos el actual repunte inflacionario?. Cuando el gobierno puede y decide sostener el tipo de cambio, varias pueden ser las causas de un aumento de precios. Algunas son externas y por lo tanto incontrolables, como es la inflación del dólar, moneda a la cual el país ha decidido atarse. Los aumentos de precios de la soja o el petróleo son los más relevantes, pero los aumentos de otros productos manufacturados también se transmiten a precios internos a través del comercio internacional. Dentro de las causas internas, es importante distinguir aquellas que son genuinas de aquellas que son producto de políticas intervencionistas del gobierno. Entre las razones genuinas para un repunte inflacionario está el impacto sobre la demanda agregada producida por un ingreso de capitales (o una reversión de su salida). Entre las razones espurias encontramos las politicas que aumentan salarios por decreto, aumentan el gasto público o cierran la economia con medidas proteccionistas . Todas estas razones han estado presentes en los últimos tres años, pero han impactado recientemente en mayor medida sobre los precios porque algunos factores han aumentado su importancia (este es el caso de los aumentos salariales por decreto o la inflación importada) y porque el aumento de demanda asociado a la reversión de la salida de capitales se ha topado con una capacidad ociosa cada vez menor.

¿Vuelta a la alta inflación?

“Pero Profesor Teijeiro, ¿no ha Ud. enseñado en sus clases que el problema inflacionario es básicamente un problema monetario?”, preguntarían sorprendidos algunos ex alumnos. Es así, pero acá no estamos frente a un problema inflacionario importante y continuo sino frente a un ajuste de precios relativos motivado por una mezcla (indistinguible) de causas genuinas y espurias. De la misma manera que los precios continuaron aumentando por varios años después de instaurada la Convertibilidad hasta que el proceso se agotó, también ahora los factores inflacionarios pueden continuar por un tiempo, ya sea por causas genuinas o espurias. Pero la inflación alta y sistemática no puede perpetuarse mientras estemos en un contexto de superávit fiscal y capacidad de control monetario o cambiario.

El temor monetarista es que la aceleración de precios derive paulatina pero irreversiblemente a escenarios de puja distributiva y espiralización de precios y salarios como los que vivimos durante décadas no muy lejanas. El gobierno alimenta estos temores con la inconsistente pretensión de aumentar los salarios y al mismo tiempo mantener la competitividad del tipo de cambio. En teoría, el proceso inflacionario podría acelerarse si el gobierno, obsesionado por mantener la competitividad del tipo de cambio, decidiera devaluar para compensar los aumentos de precios internos. De allí a la indexación generalizada habría sólo un paso. El riesgo de que esto ocurra no es cero, pero es muy bajo. Creo que aprendimos la lección que cuando se desatan procesos inflacionarios agudos, los salarios suben por la escalera y los precios por el ascensor. Ningún político se entusiasma ya con esa perspectiva. Si la inflación se resiste a bajar, el riesgo es que el gobierno intensifique acciones intervencionistas (controles de precios, impuestos a las exportaciones) que desalienten la inversión y la competitividad de la economía. El principal riesgo es la desaceleración del crecimiento, no la aceleración de la inflación.

Del diagnóstico a la recomendación

El diagnóstico monetarista está equivocado en cuanto a la causa del aumento de precios y exagera la amenaza inmediata de espiralización inflacionaria. Pero esto no es suficiente para invalidar la recomendación monetarista, sugerida recientemente por Artana, Broda y Cachanosky: frente a la aceleración del aumento de precios e independientemente de las causas que la provocan, conviene retomar el control monetario, aumentar las tasas de interés y dejar apreciar el tipo de cambio. Pero veamos mis reservas con respecto a esta recomendación incondicional.

Una política monetaria dura y un dólar que baja de precio pueden ser deseables cuando las causas del aumento de precios son genuinas, ya sea porque responden a un aumento de la inflación internacional, a un debilitamiento del dólar, a una mejora de los términos del intercambio o a una mejora en la confianza que moviliza más capitales hacia el país. Si estas fueran las causas, un tipo de cambio flexible (que se aprecia) llevaría la economía al tipo de cambio real de equilibrio sin necesidad que aumenten los precios internos. Pero aún en este caso queda por discutir si una meta monetaria sería operativa en una economia con dificultades para estimar su (volátil) demanda de dinero. Resultaría más fácil y menos propenso al error recurrir a una apreciación cambiaria “manejada” por el Banco Central, según sea la magnitud de las causas genuinas.

La prioridad es remover las causas espurias

Pero la apreciación cambiaria deja de ser el instrumento óptimo si los aumentos de precios obedecen a intervenciones espurias del gobierno. En este caso el instrumento óptimo es la remoción de las politicas intervencionistas. La recomendación prioritaria hoy no debe ser la modificación del régimen cambiario sino la renuncia a los aumentos salariales por decreto, el freno al aumento sistemático del gasto publico y la reversión de las medidas proteccionistas que permiten aumentar los precios internos de los (ineficientes) sustituidores de importaciones. Si estas politicas no hubieran sido seguidas, los recientes aumentos de precios hubieran sido menores (aunque cabe reconocer que no podemos precisar cuánto) y además no se habrían empeorado las condiciones para un crecimiento alto y sostenido. Los aumentos de salarios por decreto disminuyen la capacidad de ahorro y de inversión de las empresas, en una economía en que la (baja) tasa de ahorro doméstica y la (débil) inversión externa son una limitación crítica para el crecimiento alto y sostenido. Los aumentos de salarios por decreto también aumentan la brecha entre salarios blancos y negros y así promueven una ineficiente economia informal cada vez mas extendida. Los aumentos de gasto público impiden una disminución de los impuestos y así perpetúan la falta de competitividad de los sectores formales de la economia. El proteccionismo discrimina a favor de los sustituidores de importaciones y en contra de los sectores más eficientes de exportación agropecuaria e industrial.

En las actuales circunstancias mi problema con una recomendación monetarista incondicional es que desvía la atención de las causas más nocivas del aumento de precios. La mejor política económica es la que corrige los problemas donde se originan, no la que plantea la estabilidad de precios como un objetivo excluyente y transfiere la responsabilidad antiinflacionaria exclusivamente a la política monetaria. Aplicar hoy sólo el instrumento monetario subiría las tasas de interés exageradamente (algo deben subir) y apreciaría el tipo de cambio, afectando aún más a los sectores productivos más eficientes, ya afectados por los aumentos de salario por decreto y por la elevada presión impositiva. Ya vivimos la experiencia de creer que la regla cambiaria bastaba para llevar la economia al crecimiento sostenido. No creamos ahora que una regla monetaria por si sola lo logrará.

En definitiva, ¿qué hacemos ahora con los aumentos de precios?. El gobierno debería parar los aumentos salariales por decreto, limitar o mejor congelar los aumentos del gasto público, reducir las tasas impositivas a medida que aumente la recaudación (esto es, sin reducir el superávit fiscal) y avanzar a la mayor velocidad posible en el desmantelamiento del proteccionismo. Si una vez removidas todas estas causas espurias los precios continuaran aumentando (cosa que dudo que ocurra), recién entonces seria el momento de considerar una revisión de la política cambiaria, pero no dando un salto al vacío hacia una flotación pura de dudosa operatividad, sino a través de una apreciación cambiaria administrada y graduada por el Banco Central en función de la evolución de los precios internos (que entonces tenderían a aumentar sólo por causas genuinas).









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Mario Teijeiro, Centro de Estudios Publicos, Argentina.
Referencia para citas: Mario Teijeiro, http://www.cep.org.ar o http://www.cep.org.ar/articulo.php?ids=195
Politicas Publicas y Capitalismo