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Los márgenes de maniobra del gobierno del Dr. Duhalde prácticamente no existen. Con o sin la (eventualmente magra) ayuda del Fondo, lo único que está al alcance de este gobierno de transición es evitar la hiperinflación, manejar eficientemente la emergencia social y llegar a elecciones a fines del 2002 de la forma más ordenada posible. Esta es su responsabilidad.
¿Existe el Plan C?
Los mismos funcionarios del gobierno están hablando de un Plan C para el caso que fracase el acuerdo con el Fondo. ¿Bluff o realidad?. Hay argumentos para abonar las dos hipótesis. La historia populista del peronismo bonaerense le da cierta credibilidad a la idea de que se recurrirá a heterodoxias aún más graves que las ya realizadas, como la "nacionalización del comercio exterior" o la estatización de empresas privatizadas. También circula la hipótesis conspirativa de que se estaría dispuesto a tolerar (¿promover?) el caos social para que la Argentina recupere importancia estratégica por su capacidad de general contagio político en el resto de Latinoamérica. Adoptar un plan C para "presionar" la ayuda internacional sería una locura que no tendría frutos y nos hundiría aún más.
La otra hipótesis es que sólo se trata de un "bluff", destinado a generar preocupación entre los intereses económicos extranjeros radicados en la Argentina, con la intención que los países de origen presionen políticamente al Tesoro americano para que ablande las condiciones de un nuevo acuerdo. Esta hipótesis está avalada por una presunción de racionalidad. Es difícil pensar que aún el mismo peronismo bonaerense crea que un programa redistributivo y expropiador tenga chances de éxito en la Argentina actual. Es probable también que el resto del peronismo visualice detrás de un Plan C un caos económico y social que dejaría sin chances electorales a la alternativa peronista en las futuras elecciones. En este sentido es de esperar que los candidatos potables del peronismo presionen por un manejo de la crisis que no termine de hundir sus chances.
¿Es posible evitar el caos y la hiperinflación?
Pero aún cuando uno se inclinara por la hipótesis que el Plan C es sólo un bluff, la pregunta es ¿qué márgenes de maniobra tiene el gobierno para hacer algo "controlado", que evite la hiperinflación y los desbordes sociales?. Los márgenes son escasos, no son suficientes como para sonar con una recuperación de la actividad económica, en el mejor de los casos alcanzarán para ponerle un piso a la implosión, evitar la hiperinflación y los desbordes sociales.
Lo que el gobierno no puede hacer es lanzarse a una expansión monetaria desenfrenada de pesos y bonos "truchos" para reactivar la economía. Luego de la confiscación de los depósitos, la demanda de pesos es mínima y la liquidez que se inyecte a la economía ira mayoritariamente a la compra de dólares. Las posibilidades de "recuperar el mercado interno" poniendo dinero en el bolsillo de la gente, son utópicas. Sin embargo el descontrol monetario está a la vuelta de la esquina, por tres razones. La primera es el colapso de la recaudación, que ha generado un déficit primario (sólo financiable con expansión monetaria) de por lo menos $ 10,000 millones. La segunda razón es la "hipoteca" del corralito: una economía no puede funcionar con su mecanismo de pagos trabado (las cuentas corrientes y las cajas de ahorro transaccionales), pero su liberación genera una continua demanda de dólares. La tercera razón es la urgencia de un gasto social de emergencia, que no puede esperar ante esta catastrófica marginación social.
¿Cómo resolver estos conflictos?. Para enfrentar esta situación el gobierno cuenta con dos instrumentos importantes: uno es el margen de maniobra que le dan los $ 12,000 millones de reservas internacionales. El otro es el congelamiento y mejor aún, la baja del gasto público. El nivel de reservas internacionales es lo que le permitiría controlar el deslizamiento del dólar, para evitar su depreciación descontrolada y la hiperinflación. El congelamiento estricto del gasto público es lo que permitiría ir cerrando el déficit primario, a medida que la inflación (asociada a una depreciación cambiaria controlada pero superior aún a la ya ocurrida) ayude a recuperar la (colapsada) recaudación impositiva. El crecimiento potencial de la recaudación es sin embargo de resultado incierto y estará comprometida si continúa la implosión económica y la rebelión fiscal de los contribuyentes. Mientras ese aumento no se verifique, el gobierno deberá recurrir a atrasar el pago de remuneraciones.
El principal instrumento para evitar el descontrol monetario es entonces el congelamiento del gasto público y mientras la recaudación no crezca, postergar pagos para evitar la emisión descontrolada. No hay forma de evitar que el 2002 sea el año del colapso del gasto público. Es el año en el que se efectivizará la ley de la gravedad ("lo que sube a niveles insostenibles, debe caer, tanto más fuerte como más alto haya sido el nivel de insostenibilidad que alcanzó"). Los que creyeron que dejando de pagar la deuda, tendrían más espacio para gastar, pecaron de ignorancia. La implosión económica que siguió al default hizo desaparecer el crédito público, colapsar la recaudación y la demanda de pesos. Ahora el ajuste será mucho mayor que el que habría que haber hecho si se hubieran atendido los llamados a bajar el gasto nominal. Ahora colapsará a través de la inflación. La paradoja vuelve a ser que cuando más se intente mantener el gasto público vía impuestazos, mayor va a ser la quiebra e implosión del sector privado y la caída de la recaudación. Cuando más se lo intente mantener vía expansión monetaria, mayor será la escapada del dólar, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo del gasto público.
Las opciones del Dr. Duhalde
Un tío mío solía decir que "los pecados se pagan en esta vida, no hay que esperar la próxima". A medida que pasan los años, tiendo a valorar la sabiduría de esta afirmación. La vida nos pone en circunstancias que tenemos que compensar nuestros errores pasados, so pena de destruirnos definitivamente si no lo hacemos. Estas son las circunstancias que le toca vivir al Dr. Duhalde. Está condenado a administrar las consecuencias de la ineficiencia, el populismo y la corrupción de "una clase política de m....", según él mismo la ha caracterizado. Frente a esta circunstancia, puede enmendar los errores o puede reincidir en ellos. Puede rehabilitarse o puede hundirse definitivamente.
El gobierno enfrenta sólo dos opciones, una mala y otra peor. La peor es aplicar un Plan C, esto es, continuar violando los derechos de propiedad, volver a los impuestazos y a la expansión monetaria descontrolada, en un intento de distribucionismo populista. Si sigue este camino, va a hundir al peronismo como alternativa electoral (cosa que cada uno juzgará si es bueno o es malo), pero lo que realmente importa es que nos llevará a la hiperinflación, al caos social y a que el mundo nos clausure definitivamente como un lugar donde invertir.
La alternativa menos mala es que se asuma como un gobierno de transición, que tiene que poner la cara y hacer de la manera más ordenada posible, los ajustes inevitables del gasto público. Tiene la posibilidad de enmendarse y pasar a la historia como el Presidente que en circunstancias tan excepcionales, al menos evitó el caos social, administrando eficientemente (¡y sin manipulaciones políticas, por favor, que es nuestro dinero!) un gasto social de emergencia, evitó la hiperinflación y nos condujo pacíficamente a un proceso eleccionario que permitió redefinir un nuevo futuro para la Argentina. Esa es su oportunidad de enmendarse. Es también su responsabilidad ante nosotros. ¿La cumplirá?.
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